infolinfedema.com

¿Qué empeora el linfedema? Hábitos comunes que debes evitar

El linfedema no solo requiere tratamientos especializados, sino también una atención constante a los hábitos diarios. Muchas personas que conviven con esta condición desconocen que ciertas acciones aparentemente inofensivas pueden agravar sus síntomas, dificultar el drenaje linfático y provocar brotes. En este artículo aprenderás qué no hacer con linfedema, cuáles son los errores comunes y cómo evitarlos para prevenir que el linfedema empeore.

Por qué es importante conocer los factores que lo empeoran

El linfedema es una enfermedad crónica que no tiene cura, pero sí puede controlarse eficazmente. Sin embargo, pequeñas decisiones cotidianas pueden marcar una gran diferencia en la evolución del edema. De hecho, muchos pacientes experimentan recaídas o aumentos de volumen debido a malos hábitos mantenidos en el tiempo.

Un estudio publicado en el Journal of Lymphoedema confirma que una gran parte de las complicaciones en linfedema se asocian a un manejo incorrecto del autocuidado diario.

Hábitos comunes que pueden empeorar el linfedema

Usar ropa o accesorios ajustados

Ropa ceñida, calcetines con elásticos marcados, sujetadores con aros o relojes muy apretados pueden obstruir el flujo linfático y generar acumulación de líquido. Estos objetos ejercen presión en zonas clave del sistema linfático, dificultando su drenaje natural. Opta siempre por prendas cómodas, sin costuras o elásticos que compriman.

Aplicar calor directo sobre la zona afectada

Aunque el calor puede resultar agradable para los músculos, en el caso del linfedema puede dilatar los vasos sanguíneos y agravar la hinchazón. Se deben evitar saunas, bolsas de agua caliente, duchas muy calientes o mantas eléctricas sobre la zona comprometida.

Estar mucho tiempo en la misma posición

Permanecer de pie o sentado durante largos períodos sin moverse favorece el estancamiento de la linfa. Es importante realizar pequeños movimientos, estiramientos o caminatas breves cada 30-60 minutos, especialmente si se trabaja en oficina o se hacen viajes largos.

No usar correctamente las prendas de compresión

Uno de los errores más comunes es abandonar el uso de la compresión por incomodidad o porque los síntomas han disminuido. Sin embargo, la compresión es esencial para mantener el volumen bajo control. También es frecuente usarlas de forma incorrecta: arrugadas, muy flojas o sin la talla adecuada. Esto puede generar zonas de presión desigual e incluso lesiones.

Descuidar la piel de la zona afectada

La piel en personas con linfedema es más vulnerable. Una hidratación insuficiente, el uso de productos irritantes o rascarse pueden provocar grietas e infecciones como la celulitis linfática. Se recomienda mantener la piel limpia, seca, hidratada y protegida, además de evitar cortes al afeitar o manipular uñas y cutículas.

Hacer ejercicio sin orientación profesional

El ejercicio es fundamental para estimular la bomba muscular y facilitar el drenaje linfático. No obstante, si no se adapta al tipo de linfedema, puede ser contraproducente. Levantar peso en exceso, practicar deportes de impacto o realizar movimientos repetitivos sin protección puede aumentar el edema.

Ignorar señales de alerta

Fiebre, enrojecimiento, dolor intenso, endurecimiento súbito o un aumento rápido del volumen pueden ser signos de una complicación. No esperar o automedicarse: es clave consultar al especialista de inmediato para evitar infecciones graves o brotes descontrolados.

Exposición prolongada al sol

El sol intenso puede aumentar la temperatura corporal y favorecer la retención de líquidos. Además, en pieles ya debilitadas, el riesgo de quemaduras o lesiones es mayor. Se recomienda usar ropa protectora, evitar la exposición en las horas centrales del día y aplicar protector solar.

No mantenerse bien hidratado

La creencia de que “beber agua empeora la retención” es errónea. Al contrario, la hidratación favorece el correcto funcionamiento del sistema linfático y ayuda a eliminar toxinas. Se aconseja beber agua a lo largo del día, especialmente en climas cálidos o al practicar actividad física.

Automedicarse o seguir tratamientos caseros no comprobados

Remedios naturales, masajes no especializados o productos “milagro” sin respaldo profesional pueden poner en riesgo la salud. El linfedema requiere un abordaje clínico adecuado, personalizado y supervisado por fisioterapeutas o profesionales especializados en linfología.

El papel de la educación en el autocuidado

El conocimiento es clave. Una persona informada tiene más herramientas para gestionar su linfedema y prevenir empeoramientos. De hecho, una noticia publicada en ABC Salud resaltó cómo programas de educación sobre hábitos diarios han reducido la incidencia de complicaciones en pacientes con linfedema.

Conclusión

Evitar lo que empeora el linfedema es tan importante como aplicar bien el tratamiento. Corregir estos errores comunes puede ayudarte a reducir el volumen, evitar infecciones y mejorar tu calidad de vida. Recuerda que cada caso es único y debe ser evaluado por profesionales cualificados.

En FisioClinics, abordamos el linfedema de forma integral, ayudándote no solo con el tratamiento físico, sino también con la educación y el acompañamiento necesarios para que puedas gestionar tu día a día con seguridad.

Noviembre 11, 2025

Noviembre 11, 2025

Albi