Viajar en avión con linfedema: cómo preparar el brazo o la pierna antes del vuelo
Viajar es una de las experiencias más gratificantes que existen, pero también una de las situaciones que más dudas genera cuando se convive con el linfedema. Muchas personas se preguntan si el avión puede empeorar la hinchazón, si deben llevar la manga o la media de compresión durante el vuelo o si existe algún riesgo especial durante los trayectos largos.
La realidad es que tener linfedema no significa renunciar a viajar. Con una buena planificación y algunas medidas sencillas, la mayoría de las personas pueden volar con total normalidad y disfrutar de sus vacaciones o viajes de trabajo.
El objetivo no es evitar el avión, sino preparar el cuerpo para reducir el impacto que puede tener un vuelo sobre el sistema linfático.
¿Por qué un vuelo puede favorecer la hinchazón?
Durante un viaje en avión se combinan varios factores que pueden influir sobre el linfedema.
Por un lado, permanecemos mucho tiempo sentados, lo que reduce el movimiento muscular que ayuda a impulsar la linfa. Por otro, la presión dentro de la cabina es inferior a la que existe a nivel del mar, aunque los aviones modernos mantienen una presión segura para los pasajeros.
A esto se suma que muchas personas beben menos agua de la habitual, duermen en posturas poco cómodas o permanecen varias horas sin mover el brazo o la pierna afectados.
La combinación de todos estos factores puede hacer que algunas personas noten más pesadez o un ligero aumento del volumen al finalizar el viaje.
¿Es obligatorio utilizar una prenda de compresión?
No existe una respuesta única para todos los pacientes.
Si ya utilizas una manga o una media de compresión porque forma parte de tu tratamiento habitual, lo más recomendable es seguir las indicaciones del profesional que supervisa tu linfedema.
En muchos casos, especialmente cuando los vuelos son largos, utilizar la prenda durante el viaje ayuda a controlar mejor la acumulación de líquido.
Sin embargo, no es aconsejable comprar una manga únicamente para un vuelo sin haber sido valorado previamente. La compresión debe adaptarse a cada persona y un ajuste incorrecto puede resultar incómodo o poco eficaz.
Cómo preparar el viaje antes de salir de casa
Una buena preparación reduce considerablemente las posibilidades de que aparezca una descompensación.
Los días previos intenta mantener tu rutina habitual de ejercicio, descanso e hidratación. Si el linfedema está estable antes del viaje, será más fácil que continúe así durante el vuelo.
También es recomendable revisar que la prenda de compresión esté en buen estado y que no presente pliegues, deformaciones o pérdida de elasticidad.
Si hace tiempo que no utilizas esa manga o esa media, puede ser un buen momento para comprobar que sigue ajustándose correctamente.
Durante el vuelo: pequeños gestos que marcan la diferencia
No hace falta levantarse cada cinco minutos ni realizar ejercicios complicados en el pasillo del avión.
Lo más importante es evitar permanecer completamente inmóvil durante muchas horas.
Siempre que sea posible, levántate para caminar unos minutos, mueve los tobillos, flexiona las rodillas o realiza pequeños movimientos con las manos y los hombros si el linfedema afecta al miembro superior.
Además, procura beber agua con frecuencia y evita un consumo excesivo de alcohol, ya que puede favorecer la deshidratación.
Estos pequeños hábitos ayudan a mantener activo el sistema circulatorio y el sistema linfático durante todo el trayecto.
¿Qué ocurre si el brazo o la pierna se hinchan al llegar?
Es relativamente frecuente notar una ligera sensación de pesadez después de un vuelo largo.
En la mayoría de los casos este aumento es transitorio y mejora al retomar la actividad habitual.
Cuando llegues a tu destino intenta caminar unos minutos, realiza los ejercicios que te haya recomendado tu fisioterapeuta y continúa utilizando la compresión si forma parte de tu tratamiento.
No conviene alarmarse por un pequeño aumento de volumen que desaparece durante las siguientes horas o al día siguiente.
Sin embargo, si el edema aumenta de forma importante o persiste durante varios días, es recomendable consultar con un profesional.
Qué debes evitar antes y durante el viaje
Algunas conductas pueden favorecer que el edema aumente más de lo necesario.
Las más habituales son:
- Permanecer sentado sin moverse durante todo el vuelo.
- Llevar ropa muy ajustada que dificulte la circulación.
- Cargar durante mucho tiempo equipaje pesado con el brazo afectado.
Siempre que puedas, utiliza maletas con ruedas y reparte el peso entre ambos brazos si necesitas transportar equipaje de mano.
¿Y si viajas a un destino muy caluroso?
En ese caso conviene prestar todavía más atención al cuidado del linfedema.
Las altas temperaturas favorecen la vasodilatación y pueden aumentar la acumulación de líquido en los tejidos.
Procura mantener una buena hidratación, evita la exposición prolongada al sol durante las horas centrales del día y protege la piel frente a quemaduras e insectos.
Estos cuidados resultan especialmente importantes durante los primeros días del viaje, cuando el organismo todavía se está adaptando al cambio de temperatura.
¿Cuándo conviene consultar antes de viajar?
Si hace poco que te han diagnosticado un linfedema, acabas de pasar por una cirugía o el edema ha empeorado en las últimas semanas, puede ser recomendable realizar una revisión antes del viaje.
Una valoración previa permite comprobar que la compresión sigue siendo adecuada, revisar los ejercicios y resolver cualquier duda relacionada con el desplazamiento.
En centros especializados en fisioterapia para el tratamiento y seguimiento del linfedema puedes encontrar información sobre la preparación de viajes, el control del edema y las medidas de prevención más adecuadas para cada paciente.
Viajar con linfedema es posible
El linfedema no tiene por qué impedirte descubrir nuevos lugares, visitar a tu familia o disfrutar de unas vacaciones.
Planificar el viaje, mantener el movimiento durante el vuelo, utilizar correctamente la compresión cuando esté indicada y cuidar la piel son medidas sencillas que pueden marcar una gran diferencia.
Con un tratamiento bien controlado y unas pautas de autocuidado adaptadas a tu situación, viajar en avión puede convertirse en una experiencia tan segura como para cualquier otra persona.